Era de noche I

Me pregunto qué pasaría si le reviento la mejilla de un cachetazo. La noche no pararía mientes, estoy casi seguro. Y digo casi porque no importa en qué cloaca te hayas metido ni qué tan hondo estés, siempre hay un par de ojos. Las ambarinas podrían titilar, asustadas por el impacto. Las murallas, dar aviso a carabineros, y decirle al uniforme que oyeron un balazo. Un maldito relámpago, me gustaría decir. Pero qué estruendo más delicioso, justo en el rostro de aquella zorra.

El chiste es que sigue creyendo que tiene brazas al rojo bajo mis testículos. Bueno, quizá no esté del todo equivocada. Quizá caí en su gambito danés. Por incauto. Por querer apresurar un vals. Sí, yo huelo a bencina, pero ella tiene el bidón al lado.

Siento algo cercano a la paz, acaso la última granada en las manos de un mártir. Y aquí está la manida boca de esa putita, a un metro de distancia, ignorando que ando con ganas de hacer una clavada de esas que desfiguran el aro.

Me pregunto qué pasaría si le reviento la mejilla de un cachetazo. Sería increíble ver una lluvia de esquirlas y, de fondo, escuchar la fanaticada clamando mi nombre. Supongo que puedo imaginarme lo segundo.

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