Los pinceles de la venganza

Autorretrato como alegoría a la pintura – Artemisia Gentileschi, 1630.

Es muy probable que no sepas quien fue Artemisia Gentileschi, o que nunca hayas visto las oscuras pinceladas que marcharon sobre parte de su obra. Y si lo hiciste ignorando la historia que vas a leer a continuación, puede que aún así hayas sentido el peso de las tinieblas con las que batalló Artemisia en su temprana adultez.

Nacida en Roma, en 1593, se codeó desde temprana edad con grandes artistas italianos, entre ellos su propio padre; Orazio Gentileschi, gran exponente de la escuela de Caravaggio. En el año 1610 y con tan solo diecisiete años de edad firma su primera obra, titulada «Susana y los viejos». Esta pintura fue quizá una suerte de presagio nefasto, una denuncia muda de la artista.

Susana y los viejos – Artemisia Gentileschi, 1620.

Poco tiempo después y pese a su extraordinario talento, Artemisia no pudo continuar sus estudios de manera tradicional ya que las academias de arte estaban totalmente prohibidas para las mujeres. Orazio, preocupado y deseando que su hija desarrollara su máximo potencial pese a una sociedad que le era injusta, habló en privado con uno de los hombres con quien trabajaba en ese entonces; Agostino Tassi, y le pidió que fuera el nuevo maestro privado de su hija. Esta sería una decisión de la cual Orazio y Artemisia se arrepentirían poco tiempo después.

En 1611 Artemisia es violada por Tassi. De este suceso tan lamentable existe un registro detallado; del crudo testimonio de la artista, los aberrantes métodos del tribunal para comprobar la veracidad de su acusación, y la ínfima condena que recibió el violador.

«…me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mí el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne

Testimonio de Artemisia Gentileschi en el juicio contra Agostino Tassi.
Judith decapitando a Holofernes – Artemisia Gentileschi, 1620.

En la pintura superior se puede apreciar la oscuridad y la sed de venganza que había en el alma de la artista. Hay que recordar que esta escena ya había sido pintada antes, pero si la comparamos con la de Caravaggio, por ejemplo, veremos que el enfoque de Artemisia es uno mucho más crudo y violento: La mujer que entierra la espada en la garganta de Holofernes está mucho más decidida, y la acompañante incluso le ayuda a someter al general asirio.

Sin duda alguna, Artemisia fue una genio y una mujer admirable. Compitió de igual a igual con los mejores artistas masculinos de su época, en un contexto histórico en el que la mujer tenía mucho en su contra. Artemisia viajó mucho y tuvo una gran carrera como artista, dejando huella en todos lados. Logró sobrellevar un evento traumático, convirtiéndolo en pólvora que disparó en varias de sus obras, las cuales a día de hoy podemos sentir, disfrutar y reflexionar. Para muchas personas, Artemisia es un verdadero símbolo del feminismo, la fortaleza y el arte.

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3 Beneficios de escribir y cómo evitar sus trampas

Beneficios

1. Cuestiona tus ideas, derriba tus dogmas.

A veces nos damos cuenta de lo poco que sabemos acerca de un tema cuando nos sentamos a escribir. ¿Cuándo fue la última vez que escribiste sobre una idea que tuviste, un argumento político o una reflexión filosófica? Sé honesto/a. ¿Qué tan profundo llegaste, o solo rasgaste la superficie? Puede que hayas buscado algo en tus libros o en internet y terminaste engullendo la idea que otro ya había cocinado. ¿Citas la receta, por lo menos? ¿o haces pasar el hurto como idea propia? Escribe sobre ello y luego me cuentas.

2. Escribir puede salvar tu vida

Desplegaste toda tu labia con esa persona que te gusta y aún así te dejó en visto, o peor aún, te bloqueó. Si tu inteligencia emocional es alta puede que te haya dado hasta risa, pero si aquel rechazo te pegó más fuerte que un padrastro borracho, considera escribir algunas líneas a modo de desahogo. Te será más fácil desenredar tus emociones, y si la razón de tu dolor es algo más compleja, puede que escribir te revele nuevas pistas que te acerquen a la raíz de tu conflicto interno, así como a posibles soluciones. Ahora, si tus problemas son graves y/o padeces de un sufrimiento prolongado e intenso, lo mejor que puedes hacer es acudir a un profesional. Pero a lo que voy es; hagas o no una terapia psicológica, el lápiz y el papel siempre serán tus aliados.

3. Te da un empujón en la dirección correcta.

Algunos quieren ser el nuevo hit musical, otros sueñan con tener un circo ambulante de pulgas o, si eres un chiflado como yo, puede que hayas elegido la más terrible de las miserias: querer vivir de lo que escribes. Sea lo que sea, si tienes un objetivo y quieres cumplirlo vas a tener que maquinar una estrategia y un plan. Escribe sobre tus objetivos a corto y largo plazo, sobre las cosas que sabes que tienes que estar haciendo para llegar a donde quieres estar, y sobre lo que debes evadir a toda costa. Tú sabes bien a que me refiero. Al finalizar el día, escribe un resumen. Tus errores, tus aciertos, y lo que puedes hacer para que el día de mañana sea mejor.

Trampas

Primera trampa: la página en blanco

Esto es bastante común. El temido bloqueo al momento de escribir. La solución aquí es entender dos cosas:

  • El borrador no siempre comienza desde el principio: Puedes empezar a escribir una histora desde la mitad o incluso desde el final. También puedes elegir un fragmento aislado. No tiene que ser algo importante, es solo para romper el hielo y tener un punto de partida. Empieza y por favor no mires hacia atrás.

«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando».

Pablo Picasso
  • No existe un comienzo perfecto, deja de buscarlo: Lo primordial es empezar a escribir para tener algo con lo que puedas trabajar. Ve las palabras como la piedra con la que habla el tallador. Si no hay palabras, no hay nada. No te preocupes si tus borradores son malos. Para eso son, para equivocarte y ver por dónde van los tiros.

Segunda trampa: Caer en la superficialidad

Nos pasa a todos los escritores, algunos más que a otros; enfocarnos demasiado en el ámbito estético de nuestra literatura, en palabras exóticas o florituras que son caviar para los ojos y puede que para el oído también, pero que no significan nada realmente. O quizá significan algo para cierto lector, pero no representan lo que queremos expresar o decir, si es que queremos decir algo en primer lugar y nuestra intención no es poner palabras solo porque se ven bien o suenan poéticas. Para no caer en esta trampa, será preciso que repasemos bien cuál es la idea esencial de nuestro texto —si es que la hay— y entender que a veces, menos es más.

Tercera trampa: No ser preciso, divagar

En la segunda trampa uno camufla las ausencias con maquillaje literario. En la tercera existe una desconexión entre palabras, párrafos, tiempos e ideas, y se puede ver a simple vista. Un antídoto para esta enfermedad podría ser desmenuzar lo que queremos escribir. Asígnale a cada párrafo una palabra o idea clave y asegúrate de que al juntar todo esto se vea el panorama con precisión. Cuando repases el texto, elimina cualquier fragmento que se aleje de tus ideas clave (el vil relleno).

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El error de Áyax

Áyax el grande, conocido como el baluarte de los aqueos, fue un guerrero cuya valentía y coraje eran motivo de admiración y terror, dependiendo del bando en el que se estaba. Pese a no ser un héroe muy astuto, se desenvolvía bien en situaciones críticas y en el campo de batalla solo era superado por Aquiles. Para los que conocen bien las hazañas de este último, el segundo lugar no hace más que enaltecer a Áyax.

Poco después de la muerte de Aquiles se celebran juegos en su honor. Tanto el arma como la armadura divina del difunto son entregados como premio al guerrero más valiente. Existen muchas versiones de este evento, pero lo concreto es que Áyax pierde y las armas son entregadas a Odiseo (Ulises). El veredicto es devastador y acaba siendo el prólogo de un trágico final.

En ojos de Áyax, quien se tenía en muy alta estima, el único guerrero superior a él era Aquiles. Era imposible que Odiseo estuviera siquiera en la misma pintura. Fue tanto el impacto en Áyax, que es consumido por la humillación y posteriormente por la cólera. En su mente maquina una venganza contra los jueces y los líderes griegos, venganza que nunca llega a concretarse, puesto que Atenea lo ataja a tiempo y le infunde la locura por esa noche. En su delirio, Áyax aniquila un ganado completo de vacas y ovejas, y a la mañana siguiente, al recobrar la cordura, se da cuenta de sus terribles actos y siente una vergüenza de la cual es incapaz de reponerse. Como si fuera el último eslabón de una cadena maldita, el héroe entierra su espada desde el mango y se deja caer sobre el filo, encontrando así la muerte.

¿Cuál fue el error de Áyax?

El mismo que hemos cometido tú y yo, en más de alguna ocasión. Esta historia de la mitología es un recordatorio para mantener nuestro ego en equilibrio y no dejar que el orgullo nuble nuestro juicio, por más competentes que seamos e incluso si se cometen injusticias. Después de la muerte de Aquiles, Áyax bien pudo haber sido el mejor guerrero. Paradojicamente y por no poder controlarse, terminó cometiendo suicidio, un acto que era muy mal visto por los griegos y motivo de deshonra.

«Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura que hay es la victoria sobre uno mismo». Aristóteles

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Enroque largo IV

El primer pétalo era de rosa. Tanto su color como su forma se asemejaban a una copa de vino. Ese hallazgo fue como el primer puñetazo en una pelea de boxeo. La nostalgia me tanteaba, y aunque no me doblegué al instante, tardé poco en sentir una suerte de nocaut emocional. Entre algunas brumas pude rescatar recuerdos de mi mamá guardando pétalos en sus libros. Tréboles, hojas de aromo, girasoles completos. Puede que sirvan más adelante, solía decir.

Me zambullí por completo en la polvareda, las texturas y la tinta, impulsado por la añoranza. Vi libros que me contaron toda su vida, vi otros que me dieron la espalda. Otros me regalaban ramitas de eucalipto, semillas o un pétalo. Estos últimos eran los que yo buscaba. Y así estuve una semana entera hasta completar la colección.

Eran casi cuatro mil libros, ¿será que nunca los contaste, mamá? Sé que no te gustaba como escribía Bolaño, pero tenías algo en común con él. Para ustedes dos robar libros no era un delito.

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Lluvia

Todos nos hemos empapado alguna vez por las razones equivocadas. También hay buenas formas de empaparse. Puede haber delicia en el acto, puede haber nostalgia. Salí sin chaleco a la calle, sin cortavientos, sin paraguas. Me gustaría decir que sin tristeza, pero desde que lo vi por la ventana a ese callejero, sentí yo mismo un terrible abandono. Cerré la reja tras de mí y caminamos juntos un par de cuadras. Si estuviera en la situación de aquel perro, pensé, yo que soy tan humano, tan odiosamente rencoroso, me sería imposible no empaparme de amargura con esta lluvia. Pero lo vi a ese quiltro anónimo y me conmovió percibirlo así, tan empapado de esperanza.

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Técnicas para absorber palabras nuevas

Si tienes una memoria tan mala como la mía (espero que no), puede que te hayas percatado de lo fácil que es olvidar palabras con las que uno no se cruza muy a menudo. Esto se puede aplicar también a citas, fechas históricas importantes, etc… Olvidar es frustrante y en ocasiones nos puede costar caro. ¿Qué podemos hacer al respecto? Si ya lloraste desconsolado debajo de la mesa y no te dio grandes resultados, te dejo unos consejos que te serán de gran ayuda. El tercero puede que incluso cambie tu vida por completo. Tu memoria es mucho mejor de lo que tú crees.

Menos es más

Si estás leyendo un texto atiborrado de palabras que desconoces, no te aconsejo atacarlas a todas juntas. En manada son capaces de noquear a cualquiera, y a menos de que te consideres un genio de la mnemotecnia, será difícil que recuerdes un tercio de ellas. Quizá sea mejor que leas una versión actualizada de El Conde Lucanor o que reconsideres si Lazarillo de Tormes es una lectura indispensable en estos momentos. Ya sabes, acércate a textos que muestren menos colmillos y más vientre. Pero si quieres continuar navegando en aguas infestadas de palabras salvajes, para estos casos te recomiendo capturar un límite de 3 palabras por página, y solo las que sean más llamativas o relevantes para ti. El resto deja que se hundan o te hundirás con ellas.

Óleo sobre lienzo: El Lazarillo de Tormes. Autor: Santamaría y Pizarro, Luis.

Si tienes armas nuevas, úsalas

La consulta al diccionario es un poco engañosa. Esto es así porque en el momento uno cree que tiene enjaulada la definición. Puede que cierres los ojos y repitas lo que acabas de leer con éxito (o casi), y entonces quedas conforme. ¿Fácil o no? Pues no tanto. Si eres como la mayoría de los mortales, con el pasar de las horas y sin un repaso programado, verás que tu memoria te juega malas pasadas. Se agravará el olvido con el pasar de los días, y las semanas, y así… Una muy buena manera de retener palabras nuevas es jugando con ellas. Úsalas. Oblígalas a pelear entre ellas y que las perdedoras se lancen por un peñasco muy alto y escarpado (risco). ¿No te gusta la idea? Pueden juntarse a tomar el té y comer galletas también. Da lo mismo pero escríbelas. En un papel, en el celular, en una servilleta. En donde sea pero escríbelas, y no solo por el mero acto de escribirlas y ya. Intenta hilar algo que tenga un significado para ti. Te garantizo que recordarás muchas más palabras si juegas con ellas.

Tarjetas Anki

Es muy probable que ya conozcas las tarjetas Anki. Y si no, este descubrimiento será un antes y un después en tus sesiones de estudio, mi querido/a amigo/a cavernícola. Las tarjetas Anki son perfectas para memorizar cualquier cosa. Si le sacamos el jugo a esta herramienta podremos retener información de manera eficiente y duradera. Anki está disponible para Android, iOS, Windows, Mac y Linux. Yo tengo la aplicación en mi Samsung, así puedo repasar mi vocabulario (o cualquier otra cosa) en donde sea.

Página web de Anki

¿Cómo se utiliza?

El concepto principal de Anki no es nuevo. La idea es crear un mazo de cartas con las palabras, definiciones, imágenes, que uno quiera memorizar. Por un lado de la carta tenemos una pregunta y por el otro, la respuesta. Anki nos facilita mucho esta tarea y nos permite añadir audio, adjuntar fotos o capturas de pantalla, etc… También nos dice cada cuánto tiempo tenemos que repasar nuestras tarjetas (repetición espaciada) dependiendo de nuestros resultados previos.

Hace poco me compré el libro Los miserables, de Victor Hugo, y creé un mazo especial con ese nombre. Cuando estoy leyendo dicho libro, anoto las palabras que desconozco o las que yo considero necesito reforzar y las añado a mi mazo de Anki. Una de estas palabras era Tifus.

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Espesura

Levantó el arma y miró a través de ella. Disparó antes de que fuera demasiado tarde. Dos, tres, cuatro, así hasta que perdió la cuenta. Emprendió la retirada y revisó todas las imágenes. En ellas capturó la veteranía de los pinos, el aroma a tierra húmeda, incluso el temor a lo que no se conoce. Pero en ninguna de las fotografías tomadas había rastro de eso que le había sonreído.

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Enroque largo III

—¿Encontraste el libro que andabas buscando?

—Sí, ya lo guardé en mi mochila. También vi que tienes una carpeta llena de pétalos secos. Está muy linda.

—Hay una historia curiosa sobre esa colección.

—¿Me la cuentas? —Me agarró la mano y me miró con fijeza. Su lenguaje corporal era una delicia. En el no habían trampas, siempre jugaba con las cartas boca arriba— ¿O quieres hacerte el interesante? Te gusta eso de andar esparciendo la intriga y luego te callas o te vas.

—¿De dónde sacaste eso?

—De todos estos días que hemos estado hablando.

Ese cúmulo de nostalgias y placeres para olvidar. Paseos sin destino, cigarros que morían demasiado rápido. Variaban ciertos personajes y lugares, lo constante era una soledad normalizada.

—Cierto, cierto. ¿Como un mes o me equivoco?

Me volvió a mirar. En sus labios se dibujó una cándida sonrisa. Su forma de ser me daba ternura pero también temía por ella. Había conocido a personas así antes y todas terminaban en las redes de algún miserable psicópata.

—Diría que tienes mala memoria, pero ahora creo que es otra cosa.

Me levanté y le puse una carga nueva a la pipa.

—Bueno, volviendo a lo de los pétalos…

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