Enroque largo V

Nos había dado por aprender a jugar cuando vimos la serie Gambito de dama. Éramos muy malos, pero disfrutabamos el ajedrez. Yo hasta hice trampa y vi unos videos a escondidas, para tener algo de ventaja. No era que supiera lo que estaba haciendo pero intentaba siempre jugar a la defensiva. Cuidaba cada una de mis piezas como si tuvieran alma, como si al ser capturadas vivieran un terrible martirio del cual eran conscientes. Ella, en cambio, era mucho más alocada para jugar y estaba dispuesta a todo con tal de aniquilar al enemigo. Le encantaban los sacrificios y enredos tales que al final ni ella entendía bien qué era lo que estaba sucediendo en el tablero. Cuando le desarmaba un ataque prometedor, se aburría de inmediato y dejábamos de jugar. Parece que es cierto eso que dicen, que el estilo de un ajedrecista es similar a la personalidad que uno tiene en la vida real.

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